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Fantasias de un cornudo enamorado

Llevaba conduciendo un par de horas y mi estado de excitación seguía en aumento. El retumbar rítmico del reggaetón hacía temblar los retrovisores y, a mi lado, mi esposa, la preciosa Delys, cantaba al tiempo que sus tentadores melones rebotaban bajo una camiseta ceñida por el cinturón de seguridad. Se había maquillado, perfumado y los rizos de su hermosa melena roja parecían flotar sobre sus hombros. Me costaba concentrarme en la conducción, incapaz de contener un deseo que se manifestaba de forma compulsiva en cada uno de mis torpes movimientos. Con miradas furtivas, acariciaba sus suaves rodillas, sus pechos redondos y el lascivo brillo de sus ojos. Ese brillo que, combinado con su picara sonrisa, convertían su semblante en el escaparate inequívoco del deseo.
Me pareció que me encontraba, sin ninguna duda, ante el paradigma de la mujer adúltera que disfruta haciendo crecer los cuernos de su marido.
En mi mente se agolpaba un caótico cúmulo de momentos y situaciones a cual más eróticos. -¿Estas nervioso, cornudito?- Me preguntó con dulzura. Le respondí con un no poco convincente; lo que provocó que una risilla pérfida se deslizase entre sus tentadores labios.
Si, estaba nervioso. Cada vez que nos desplazábamos a ver a Eric sentía la misma deliciosa sensación de desasosiego, al tiempo que un atisbo de nausea se paseaba continuamente entre mi laringe y la boca de mi estómago. Un contundente temblor recorrió mi columna vertebral desde coxis hasta mi nuca ante el recuerdo de nuestro primer encuentro. Nos conocimos en las redes sociales y enseguida confraternizamos. Él, había podido deleitarse con las fotos y vídeos de mi esposa. No en vano llevamos publicando material de sus rotunda anatomia duante los últimos años, y al contactar conmigo no se anduvo por las ramas. Estaba abiertamente interesado en conocerla íntimamente y en utilizarme como alcahuete para llevar a cabo su conquista. La idea me atrajo desde el principio, y Eric se dio cuenta de inmediato, lo que enervó más su creciente deseo de poseer a mi esposa. Tras algunos juegos cam to cam con ella, comenzamos a intimar y nuestra relación se fue estrechando a ritmo exponencial.
En pocos días aquel divertimento se había convertido en un triangulo sexual, aunque todavía virtual. Eric comenzó a llamarme cornudito, ciervo, manso o buey. Y me ordenó que abriera una cuenta de mensajería instantánea en mi móvil y en el de mi esposa para estrechar más nuestras relaciones. Ella, por supuesto, estuvo de acuerdo y Eric formó un grupo para los tres “Delys, Eric y el cornudito”
Aunque al principio me costó un poco, en seguida me acostumbre a mi nuevo papel de mascota de la pareja. Ambos se divertían y me humillaban en el recien formado grupo, al tiempo que tenían un hilo directo y privado para sus flirteos sin tener que pasar por mí. Comencé a disfrutar muchísimo de aquella situación. Les suplicaba a ambos que me permitieran ser su sirviente y su mascota, y que me trataran con cariño pero de forma severa. Las humillaciones se convirtieron en el trato habitual y ambos se dirigían a mí como perrito o cornudito y siempre en forma imperativa o de mofa.
En nuestro primer encuentro en persona, Eric se mostró correcto y caballeroso con mi esposa, aunque conmigo se tomó ciertas familiaridades poco apropiadas para una primera entrevista, palmeando de forma amistosa mi mejilla o incluso apoyando su mano sobre mi cabeza y acariciándome la frente con el pulgar.
Su mayor envergadura y prestancia física le conferían la confianza propia de un macho superior, y desde el primer momento, note que a mi esposa no le resultaba ni mucho menos indiferente esta situación.
Tras un frugal almuerzo, durante el que fui testigo de cómo Eric tomaba la mano de mi embelesada esposa y la seducía ante mi atenta mirada, convenimos en desplazarnos sin más dilación al apartahotel que teníamos previamente concertado.
Por supuesto, a mí me toco hacer todas las gestiones, mientras ellos dos aprovechaban para continuar intimando de forma cada vez más ansiosa.
Antes de abrir la puerta de apartamento ya se estaban abrazando, morreando y metiéndose mano de forma escandalosa.
Se dirigieron directamente al dormitorio y mientras que, apresurados, se quitaban la ropa el uno al otro, Eric me ordenó que me sentara en el suelo, junto a una esquina del dormitorio. Más que nervioso, desencajado, obedecí sin rechistar. Ya hacía semanas que, a traves del teléfono obedecía cualquier orden de Eric sin titubear.
Desde ahí pude observar cómo mi esposa se entregaba a todos los placeres carnales, con total confianza, con aquel hombre que al que solo conocía a través de la pantalla de su ordenador o de su móvil.
Yo, agitaba mi polla babeante, nervioso e impotente ante semejante espectáculo de sexualidad desenfrenada. Me pareció ser testigo del choque de dos trenes, lamiendo, magreando, blasfemando y resollando como a****les. De tanto en cuanto se dirigían a mí.-¿te gusta, cornudito? ¿Habías visto a tu mujer gozar así, ciervo?, ¡deberías probar esto!
Lo cierto es que pude disfrutar comprobando como, desde el principio, mi amada esposa permitia y participaba activamente en algunas practicas de las que a mi no me tenía acostumbrado. Sentí mis cuernos despuntar con fuerza en una extraña mezcla de deleite y dolor.

Tras los primeros desfogues sexuales, en los que no me permitieron participar, comenzaron a incluirme en sus juegos eróticos.
Durante uno de sus escandalosos polvos Eric me ordenó que me pusiera bajo mi esposa para realizar con ella un 69. Me pareció una idea maravillosa comerme aquel coño tan mojadito y en su jugo. Me lo devoraba como un poseso mientras ella frotaba a horcajadas su bien follado coño sobre mi cara. Sin mediar palabra, Eric se situó tras su redondo trasero y colocó su pene brillante y erecto en la entrada del voluptuoso coño de mi mujer. Retire el rostro de forma instintiva mientras su pene se abría paso hacia el interior de mi esposa. Comenzó a follársela con suavidad, su polla se deslizaba una y otra vez en el interior de ese rosado coño a pocos centímetros de mi cara. Sin duda era un espectáculo magnífico, y ella se deshacía en un sin fin de suspiros y gemidos. Eric, con voz segura, me ordenó que besara sus huevos. No lo dude. Comencé a besuquearle las pelotas con esmero, a deslizar mi lengua por la piel de su escroto y a introducirme uno de sus testículos en mi boca, dando suaves tirones que terminaron por enloquecerle. Se culeaba a mi delirante esposa con fuerza mientras yo pegaba mi rostro todo lo que me era posible a la frenética unión de sus sexos, disfrutando de como aquel miembro se restregaba con furia sobre mi rostro entrando y saliendo en el maravilloso coño de mi esposa. Soporte aquellos embites hasta que ambos se corrieron sobre mi jeta, ella en un océano de jugos vaginales mientras el pene de él eyaculaba copiosamente sobre mi boca abierta. Yo saboreaba con glotonería aquel festín de vigorosos sabores genitales mientras ellos se abrazaban y morreaban como solo pueden hacerlo una pareja de apasionados amantes.

Cada vez me resultaba más difícil concentrarme en conducir, estimulado como estaba ante la perspectiva de un nuevo encuentro entre dos a****les sexuales como Eric y Delys. A pesar de mi agitación siempre me sentía cómodo en el papel de mascota de la pareja. Cómo cuando desnudos, exhaustos, tumbados sobre el lecho, uno junto al otro, me permitían deslizarme al pie de la cama y lamerles los pies. Delys reía tomando con fuerza la mano de Eric, que pugnaba con ella por introducir más dedos de sus pies en mi boca abierta. Entre ese enredo de pies, yo lamía complacido mientras me jaleaban.-así, perrito, así, ¡buen chico, buen cornudo!- yo, me agitaba aún más escuchando sus risas, recorriendo sus cuerpos con mi lengua y las yemas de mis dedos, hasta lograr encender de nuevo la chispa de la pasión que ponía en funcionamiento aquellas dos maquinas del placer y mis cuernos crecían un poco más aún si cabe. Sumergido como estaba en mis pensamientos, me sobresaltó notar la mano de mi esposa acariciando mi pantalón. Quite la vista de la carretera y sentí una fuerte contracción prostática al contemplar la sonrisa deliciosa, casi infantil, a la par que perversa, en su precioso rostro.
-¿Como está esto, no?- Su mano acariciaba mi pene en un estado de excitación más propio de un chaval de quince años que de un hombre de cincuenta.-Me gusta que estés así, pero te adelanto que hoy voy a necesitar intimidad con Eric, tenemos nuestros planes. No sé si tendré tiempo para ocuparme de ti.
No conteste, mi polla palpitaba fuerte bajo el pantalón y la presión de su mano, sujetándola con fuerza, casi me provoca una eyaculación. Delys, al percibir los espasmos que sacudían mi cuerpo, dejó escapar una nueva carcajada que me sonó tan fresca y juvenil como la de una niña.
Su risa, como el plateado sonido de una cascada, acaricio mis tímpanos y me transporto a otro momento memorable de uno de nuestros últimos encuentros con Eric. Recuerdo cómo el propio Eric me ordenó desnudarme frente a él. Yo, muy sumiso, obedecí. Delys, con un vestido ceñido y tacones, dejó escapar una de sus carcajadas y apretó sus potentes melones contra la espalda de él, deslizando sus manos sobre la camisa de este y acariciando su torso con delicadeza. Deje mis ropas en el suelo. Completamente desnudo, enfrentado a él, me sentí más vulnerable que en toda mi vida. Mi pene comenzó a palpitar con fuerza. Eric colocó una de sus manos sobre mi frente y la presionó hacia abajo indicándome que me arrodillara. Me hinqué de rodillas sobre el suelo, mi rostro quedo a penas a unos centímetros de su abultado paquete. Las manos cómplices de mi esposa se deslizaron sobre su pantalón, abrieron su bragueta, con suavidad, extrajeron su voluminoso pene en estado semi erecto golpeando con el mi cornuda frente.
-Bien, cornudito. -la voz de Eric sonó tan segura como de costumbre.-Ahora vas a abrir la boca bien grande. Iré metiendo en ella todo esto y espero que no te comportes como una nena. No quiero lloriqueos, así que ¡traga!
Con la boca bien abierta, sentí aquel soberbio cipote entrar con autoridad hasta mi faringe, provocando que tosiera con fuerza y me retirara hacia atrás.
Delys se arrodilló a mi lado mientras yo intentaba recomponerme. Volví a abrir la boca y me incorporé para tragar aquella deliciosa salchicha. Mi lengua y paladar se deleitaron con el contacto de aquella firme y tibia carne, pero al topar la punta de su glande contra mi faringe noté un fuerte empujón en mi nuca, lo que me provocó una gran arcada que a duras penas logré contener. Luche por retirarme, aunque Delys, me tenía sujeto del pelo y no dejaba de empujar.
-Vamos a ver, puto cornudo.- Sentí la enérgica mano de Eric abofetear mi mejilla lo que provocó una torrencial carcajada de mi perversa esposa, que continuaba arrodillada y aferrando mis cabellos.-¿Es que no has entendido para que estas aquí?
Delys me empujó la cabeza con fuerza.-¡Traga!- por mis mejillas comenzaron a deslizarse lágrimas mientras mi rostro pugnaba, milímetro a milímetro, por acercarse a la pelvis de Eric. Aguantando las arcadas llegue a sentir el roce de la piel de su abdomen en la punta de mi nariz. Las manos de Eric se unieron a las de Delys para mantener mi cabeza inmóvil, y a continuación, comenzó a empujar rítmicamente. Mi culo y mi polla se contraían a cada una de sus embestidas, mientras que yo tosía violentamente y babeaba sobre sus cojones.
No pude contenerme por más tiempo y expulse una gran vomitona al tiempo que eyaculaba sobre el suelo sin ni siquiera tocarme. Ambos reían como poseídos y yo... yo no me había sentido tan humillado en toda mi vida.
A continuación, cuando hube recogido los restos de mi propia inmundicia, la pareja ya estaban en la cama, desnudos, acariciándose y besándose. Me invitaron a compartir el lecho, lo que no era muy habitual. Incluso me permitieron participar en sus juegos a tres bandas. Hicimos los tres un 69, a mí me tocó comerle la polla a Eric, mientras él se comía a Delys. Mi esposa a penas jugueteó un poco con mi miembro, casi fláccido debido a la reciente eyaculación. También me permitieron acariciarles y besarles por todo el cuerpo mientras fornicaban en la posición del misionero. Finalmente, ambos se pusieron uno al lado del otro a cuatro patas y con el culo en pompa me ordenaron que les realizara el beso negro. Comencé por Delys, su precioso culo me era del todo familiar y para nada ofensivo. Lo devoré con deleite y pude contar al menos tres de sus orgasmos. Ella mismo me ordenó que cambiase el tercio. Me enfrenté a aquel trasero masculino, lo inspeccioné, lo husmeé con curiosidad, acerque aún más mi cara a él hasta alcanzar su esfínter con la punta de mi lengua.- Vamos perrito, no seas tímido ¡Comételo cornudo!
No lo dude ni un segundo, me amorre a aquel culo y lo lamí, bese y chupe con toda mi alma. Eric se extasió tanto que no pudo evitar gemir un bramido furioso y comenzar a masturbarse. Yo, tan extasiado como el propio Eric, mordisqueaba golosamente aquel delicioso esfínter, disfrutando agradecido de la humillación que me habían reservado. Delys, se desplazó deprisa y llegó a tiempo de introducir aquel palpitante miembro en su boca y recoger la copiosa eyaculación que descargó, bramando igual que un a****l desesperado mientras yo, aferrado a su culo, introducía rítmicamente mi lengua y eyaculaba al unísono.
Mis besos negros se convirtieron pronto en un delicioso beso blanco. Delys me enseño su boca abierta y colmada de espumoso esperma y me ofreció sus impuros labios, ambos nos fundimos en un apasionado morreo al que, para mi sorpresa, no tardo en unirse Eric. Los tres nos besamos y lamimos las lenguas y los rostros como tres perritos.

-¡A la derecha, a la derecha!- corregí la dirección y me situé correctamente en el carril adecuado.-¿Que te pasa? ¿Quieres que conduzca yo?
-No, cariño, lo siento. Estoy un poco...
La llamada en su móvil me interrumpió. Delys, tomó su smartphone y al ver su sonrisa adivine de quién se trataba.
-Hola Amor. Si... si. Lo tengo a mi lado, conduciendo. Ya… si…- Casi de reojo, pude comprobar cómo la expresión de su cara se tornaba más pérfida y mi próstata respondía con nuevas y placenteras contracciones.-Muy bien. Creo que le va a encantar. Nos vemos en unos cuarenta minutos. Hasta ahora, Amor.

Delys guardó el teléfono en su bolso. En su rostro se dibujaba una sonrisa de satisfacción.
-¿Que? ¿Que pasa? ¿Que estáis planeando esta vez?
Mi sonriente esposa no contestó, y se limitó a subir el volumen y ponerse a cantar mientras agitaba de nuevo sus redondos melones al ritmo del reggaetón.
Con mi cabeza caliente y mi bragueta abultada, continué conduciendo y agradecido por ser el espectador y cómplice de las aventuras sexuales de mi amada esposa, Delys.Fantasias de un cornudo enamoradoFantasias de un cornudo enamorado 2
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Amigo un relato precioso
há 21 dias
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Blangis, ufff estoy babeando 
há 25 dias
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Ahhhh y tu mujer está de escándalo...divina
há 1 mês
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Genial..me puso muy calentón..sobre todo cuando follan sobre ti
há 1 mês
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Me encanta esta historia! Maravilloso relato :)
há 4 meses
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